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Ensayo de Mario Waissbluth sobre patología mental en Chile en pasado Club de la Innovación Pública

El documento, escrito por el fundador y actual consejero y profesor del CSP, forma parte del primer número de nuestra serie “Reflexiones de Valor Público” y fue lanzado en una nueva sesión del Club de la Innovación Pública organizada el 16 de noviembre en dependencias de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile.

“Estamos frente a un problema retorcido. No sabemos cuántos niños con angustia y depresión hay en el Sename. Estamos operando en la ceguera total de datos”. Con estas palabras Mario Waissbluth circunscribió lo que considera la mayor amenaza de Chile en salud metal de niños, adolescentes y adultos. Salud que define como patología, ya que -dice- en este frente no se ve salud por ningún lado.

Un diagnóstico que fue compartido por los Dres. Alberto Minoletti, Académico en Salud Mental de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, y Antonio Infante, Director del Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente, quienes comentaron este trabajo.

“Es excelente que alguien de fuera de la disciplina haga este llamado de atención. Y lo logra en un documento claro y breve”, señaló el Dr. Minoletti agregando que aún existen más vasos vacíos que las que el texto describe como la comorbilidad que existe entre las enfermedades y físicas, el capítulo de la discapacidad mental (un área sin políticas públicas salvo la educacional) y psiquiatras que sobrediagnostican y sobremedican.

“Tenemos que pensar en soluciones que van más allá de las camas disponibles. Necesitamos psiquiatras comunitarios formados para trabajar en la salud primaria y otros profesionales, enfermeras y trabajadores sociales, formados en salud mental”, advirtió Minoletti.

Antonio Infante, por su parte, hizo un llamado a intervenir sobre las variables estructurales de la desigualdad. Un drama, dijo, que el país vive desde 1850 con uno de los coeficientes de Gini más desiguales del mundo.

“Salud está preocupado de las listas de espera y Educación de los resultados del SIMCE. Son dos ministerios que no conversan entre sí y que tienen objetivos totalmente distintos”.

Agregó: “No nos distraigamos en lo paliativo. Lo central son políticas públicas que nivelen la cancha estratégicamente”, advirtió Infante señalando que esta es una realidad que ha constatado manejando el servicio de salud más grande del país.

Llamado de alerta
“El Tsunami de la Patología Mental en Chile” presenta datos que, en su conjunto, muestran una realidad abrumadora en materia de la salud mental de los niños, adolescentes y adultos en Chile, así como un conjunto de otras patologías sociales que amenazan gravemente el futuro del país. El 26% de los niños sufre violencia física o sexual grave en el hogar, registramos 20 mil sentencias condenatorias a adolescentes por año, el 47% de la población penal inicia su carrera delictual a los 13 años, la prevalencia total para cualquier trastorno psiquiátrico y/o discapacidad psicosocial en niños y adolescentes es de 22,5% y entre los años 2009 y 2015 el consumo de marihuana se duplicó entre escolares, llegando a 34%. En la Encuesta Nacional de Empleo de 2010, el 21% de trabajadores y trabajadoras declaró sentirse deprimido en los últimos 12 meses y el 30% del gasto en licencias de FONASA es por salud mental. En casi todos estos indicadores Chile está peor en comparación con Latinoamérica y el resto del mundo.

En la jerga de políticas públicas, se trata de un problema “retorcido”, es decir, no tiene una salida única ni simple. Por lo tanto, sólo se puede aspirar a paliarlo o a “domesticarlo”, lo que se debe abordar con urgencia.

En este contexto, el ensayo propone una intervención sistémica en nueve ámbitos, focalizada en infancia y adolescencia: 1) comunicación y difusión amplia del problema, 2) programa masivo y permanente de comunicación con los hogares, 3) protocolos de detección y derivación temprana de los afectados, 4) fortalecimiento rápido de la educación inicial y escolar, 5) rediseño integral del sistema de protección de la infancia, 6) disminución del consumo adolescente de alcohol y drogas, 7) articulación y optimización de todo el sistema utilizando procesos y tecnologías de información, 8) diagnóstico y resolución de la demanda de recursos humanos calificados y 9) aumento de las asignaciones monetarias por niño en el quintil más pobre.