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Reunión del Club de la Innovación debatió sobre educación pública en Chile y diseño de una nueva institucionalidad

El jueves 29 de septiembre, el Club de la Innovación Pública realizó una nueva reunión, esta vez sobre educación, tema que durante los últimos meses ha encabezado la agenda. La sesión se tituló “Diseño institucional en educación escolar, alternativas e implicancias de la reforma” y contó con la exposición de Cristián Bellei, Investigador Asociado del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, y el comentario de Valentina Quiroga, miembro del directorio de Educación 2020 y Directora del Área de Política Educativa de la Fundación Educación 2020.

Ver videos de la reunión aquí… Primera parte / segunda parte / tercera parte

Durante su intervención titulada “La educación pública que Chile necesita”, basada en el documento “Fortalecer la educación pública: un desafío de interés nacional” -coautoriado por Pablo González y Juan Pablo Valenzuela-, Bellei, quien es sociólogo de la Universidad de Chile, Master en Política Educativa y Doctor en Educación de la Universidad de Harvard, sostuvo que en esta materia el sistema político chileno no ha logrado sustentar sus convicciones en acciones. En este marco, el experto identificó tres problemas críticos de la educación municipal: pérdida de la matrícula, a más de la mitad y en camino de desaparecer, baja calidad de la educación impartida e institucionalidad inadecuada.

De aquí que su propuesta de solución se focaliza en la estructura de la nueva institucionalidad y su función, con especial énfasis en su creación, financiamiento y fiscalización. En términos de estructura de esta nueva institucionalidad Bellei propone crear agencias locales especializadas en la gestión educacional con función única, descentralizada administrativa y financieramente dotada de una planta propia profesionalizada. Esto, junto con un financiamiento directo y tamaño adecuado, considerando los factores geográficos, demográficos y económicos de escala.

A nivel de la función de la nueva institucionalidad, el experto destaca que sea responsable de proveer educación pública (preescolar, básica y media) en su zona geográfica, de cobertura relevante y calidad creciente. También, que reúna funciones de gestión administrativa y técnico-pedagógica del conjunto de establecimientos de su zona. Y, por último, que junto con contratar al personal docente y no docente de estos establecimientos esté a cargo de la planificación y ejecución presupuestaria a nivel local, así como de las decisiones de apertura y cierre de los establecimientos.

En relación a cómo se gobierna esta nueva institucionalidad, Bellei fue claro: cada agencia local debe tener un director seleccionado por la Alta Dirección Pública por un  período de tiempo independiente del ciclo electoral local y nacional, cada agencia debe contar con un consejo local integrado por representantes de actores educacionales y no educacionales y municipios con funciones consultivas y fiscalizadoras, y con dependencia política del Ministerio de Educación.

Esta nueva institucionalidad, a juicio de este experto, debiera ser fiscalizada y contar con evaluaciones especializadas a cargo de la Superintendencia de Educación y una Agencia de Calidad, en tanto que en materia de financiamiento habría que considerar un cambio hacia un modelo de financiamiento propio y como vía para que los municipios enfrenten sus actuales problemas para expandir y crear oferta educacional.

Junto con lo anterior, Bellei presentó algunas consideraciones de “contexto”. Entre otras:

  • Necesidad de resolver asimetrías de las escuelas privadas subvencionadas
  • Regular la entrada de establecimientos privados con acceso a recursos públicos
  • Adaptar la institucionalidad pública en educación para atender sus particularidades
  • Crear una nueva carrera docente

Por último, el investigador del CIAE presentó algunos nudos críticos del debate sobre “desmunicipalización”

  • Desmunicipalización selectiva basada en estándares de calidad de acuerdo a desempeño, situación que, a su juicio, crea inestabilidad institucional. ¿Proceso con o sin retorno? “Tal como está planteado parece una condición reversible”.
     
  • Gestión y toma de decisiones en la Agencia Local de educación democrática participativa o técnicos-profesionales. Necesidad de que existan consejos locales que supervisen esto.
     
  • ¿Ante quién rinde cuentas? ¿La Agencia Local y su director? ¿Cómo se controla su desempeño? ¿Control democrático, político y técnico? “El control democrático está dado por el mercado”.
     
  • Agencias locales de educación pública. ¿Corporaciones autónomas o servicios públicos descentralizados?

La exposición de Bellei fue comentada por Valentina Quiroga, fundadora del movimiento ciudadano Educación 2020 y actual miembro de su directorio. Si bien la investigadora consideró que el trabajo presentado es un aporte sobre qué es educación pública, señaló tener la sensación de que aún falta profundizar en este debate.

“Hoy no se entiende bien qué es educación pública. Creo que falta ampliar el debate y su relevancia”, aseguró la Ingeniera Civil Industrial y Magíster en Economía Aplicada de la Universidad de Chile.

Junto con esto, también declaró tener algunas preguntas, por ejemplo, en el ámbito de la integración escolar.

“¿Qué alternativa tiene una alumno de 13 años, pero con un rendimiento de segundo básico? Ninguna. ¿O qué pasa con niños que tienen otros intereses (más allá de matemáticas o lenguaje)? No tienen alternativa”, aseguró.

De aquí que llamó a pensar en un modelo de escuela pública, pero dentro de un territorio, a la vez de profundizar en temas como la libertad de enseñanza con el cual dijo toparse muchas veces.

“Falta entender mejor el argumento”, sostuvo la especialista.

En relación a la propuesta del trabajo de Bellei de crear agencias locales autónomas, donde el Estado se reserva el derecho de intervenir si no funcionan bien, la representante de Educación 2020 también expuso algunas interrogantes. Entre ellas, ¿cuáles son las decisiones que se deben tomar en el sistema educativo y en manos de quién deben quedar? ¿Cuál es el rol del sostenedor y de una Agencia Local? ¿Dónde se ubican las escuelas?

“Se trata de decisiones que hoy no están en manos de nadie, ya que no existe un diseño estratégico sobre esto. En este sentido, a lo mejor se justifica una agencia regional o la misma agencia de la calidad que hoy no se contempla”, concluyó Quiroga.

La reunión fue conducida por Marcelo Henríquez, investigador del Centro de Sistemas Públicos.

Presentacion (PPT) Cristian Bellei

CSP capacitó a funcionarios de la Municipalidad de Huechuraba

Entre el 29 de agosto y el 1 de septiembre, el Centro de Sistemas Públicos (CSP) dictó el curso “Control de Gestión para Funcionarios Municipales de la Comuna de Huechuraba”.

El objetivo de este curso, que capacitó a 30 funcionarios de ese municipio, fue apoyar el proceso de planificación y de formulación de políticas de mediano y largo plazo, a la vez de mejorar la información respecto del uso de los recursos públicos facilitando la relación con las demás instituciones del Estado.

Para lograr estos propósitos, se identificaron los siguientes objetivos específicos: conocer el marco conceptual de los sistemas de gestión para los municipios, examinando cómo éstos generan valor público; identificar las principales herramientas de gestión, su importancia y aplicabilidad; aprender a diseñar, ejecutar, evaluar y analizar la herramienta de Control de Gestión en los municipios, reconociendo los vínculos entre la estrategia, los objetivos, los indicadores para el control y sus correspondientes metas, así como las iniciativas estratégicas, los recursos requeridos y los responsables y generar un cuerpo de conocimientos y herramientas que permitan apoyar el proceso de control de gestión en la municipalidad.

El curso fue dictado por Javier Fuenzalida, Director de Investigación del CSP; José Inostroza, Director Ejecutivo del centro, y Víctor Hugo Miranda. Natalie González, Directora del Área Docencia del centro, por su parte, participó en el cierre y su evaluación.

Testimonios

 Sandra Vidal, Departamento de Contabilidad y Finanzas de la Municipalidad de Huechuraba
“Los temas que se tratan en este curso están muy ligados a mi perfil profesional. Estudié Ingeniería en Administración y quería recordarlos y reforzarlos. Junto con esto, este curso es una instancia que a la larga permite desarrollar algunos proyectos o propuestas que pueden ser interesantes para el desarrollo habitual del área.

Si bien previamente había tomado otros cursos de capacitación, es primera vez que lo hago con el Centro de Sistemas Públicos. Los profesionales que lo imparten son altamente calificados y tienen mucho conocimiento que entregar. Como sugerencia para futuros cursos pondría el acento en la parte práctica, más que condensar tantos conocimientos en un período tan corto de tiempo”.

Patricio Marambio, Ingeniero Civil Industrial, Secretaría Comunal de Planificación (Secplan)
“El curso tiene el mérito de ponernos a todos los que trabajamos en el municipio en un contexto, a la vez de unificar criterios. Si vamos a hablar de gestión o una estrategia, todos vamos a saber de qué se trata y eso es muy útil.

Para mí como profesional es importante poder entenderme con mis compañeros de trabajo que quizá no manejan tanto el tema. Los que somos ejecutantes dentro del municipio tenemos ideas, queremos innovar y/o hacer algún tipo de implementación y es importante que todos hablemos el mismo idioma. Espero que se organicen más cursos en estos temas”.

Eduardo Corvera, Secretaría Municipal, Jefe del Departamento de Decretos Alcaldicios
“Llevo varios años en el municipio y había tomado cursos previos, ya que siempre me estoy actualizando. Creo que tomar un curso como éste es un plus, porque el mundo es variable y los conceptos van cambiando. Si uno no se actualiza se queda atrás.

La mayor complejidad del curso es que son conceptos difíciles de absorber en cuatro días. Equivale a un semestre en la universidad”.

César Marfitani, Arquitecto Revisor Dirección de Obras
“Por mi carrera nunca me había tocado ver temas de este tipo. En la universidad sólo tuve un semestre de negocios y, en este sentido, encontré que este curso es un aporte. Pude aprender cosas que nunca había visto y también me parece una buena instancia para intercambiar opiniones con gente de otras profesiones, porque uno está encerrado en su trabajo.

Coincido con la opinión de que los profesionales que los imparten están muy bien calificados y capacitados, sólo organizaría la información de manera un poco distinta”.

Hacia una legislación integral de la educación superior

La expansión vertiginosa de la educación superior, que ha traído algunos beneficios, detonó a su vez la explosión de graves problemas. Es la ocasión para abordarlos de manera sistémica y no con parches. La mera ampliación de recursos para becas o préstamos en condiciones más atractivas, o las reprogramaciones, bienvenidas sean, sólo taparán el sol con un dedo por un tiempo y generarán un nuevo aumento en los aranceles de un sector que hasta ahora ha operado no con libertad sino con libertinaje de mercado.

Hemos tenido uno de los sistemas más desregulados del planeta. De 4.700 carreras impartidas en algún campus, sólo 700 cuentan con acreditación, en muchos casos dudosa.  El “pseudo mercado” ha sido opaco, y asimétrico para “clientes” desinformados. De 100 jóvenes que ingresan, 40 desertan por razones académicas y/o económicas, y quedan endeudados (salieron trasquilados); 30 terminan con un título desprestigiado y van al desempleo o a un pobre empleo (salieron trasquilados); y sólo 30 logran un título que les permite pagar su deuda en un plazo razonable. El mercado funciona bien en las panaderías: si no me gusta el pan, o está caro, al día siguiente voy a otra. Si soy un joven que se demoró dos años en darse cuenta de la mala “calidad del producto”, no me es trivial cambiar de carrera. Perdí dos años de vida y tengo deuda.

Los aranceles son de los más altos del mundo. Los estudiantes no sólo han estado pagando el costo de su educación, sino que financiando la expansión inmobiliaria de entes privados y la investigación y desarrollo de universidades tradicionales. Esto debe terminar. Las fuentes de recursos para la expansión inmobiliaria deben provenir de ampliaciones de capital y/o deuda de sus dueños, y los bienes públicos no ligados a la docencia – como investigación y construcción de masa académica estable – deben provenir del Estado por otras rutas.

Es hora de cambiar radicalmente el modelo regulatorio de la educación. Si un CFT, Instituto o Universidad, con o sin fines de lucro, público o privado, recibe recursos del estado como avales, créditos, subsidios o descuentos tributarios, debe firmar el equivalente a un “contrato de concesión” en el cual demuestre el  valor de su oferta, la calidad de la misma, adquiera compromisos respecto a las tasas reales de deserción y duración de la carrera, defina aranceles razonables para financiar la educación de sus alumnos y no otros elementos, y transparente la totalidad de sus fuentes de ingresos, sus egresos, y sus transacciones con entes relacionados o “sociedades espejo”.

Adicionalmente, debe realizarse a la brevedad posible una transformación radical del sistema de acreditación, no sólo en sus criterios, sino también en su institucionalidad y obligatoriedad. El sistema de que sea el propio acreditado el que le pague al acreditador debe terminar. No sería tampoco comprensible que el Estado otorgue recursos para becas de una carrera de tres años, si es que esta, entre otras cosas, no está acreditada seriamente y por al menos tres años.

Chile, a diferencia de países desarrollados, tiene un problema adicional. Cerca del 40% de los que ingresan a la educación superior no entienden a cabalidad lo que leen ni pueden realizar operaciones aritméticas simples. Generalmente provienen de los estratos de menores ingresos. Esto es culpa del sistema escolar, y tomará tiempo resolverlo. Por ello, es necesario que el Estado licite, entre instituciones sólidamente acreditadas, la provisión de un año transicional, nivelador y orientador, que aumente – en forma gratuita para esos alumnos – la posibilidad de ingresar a algún tipo de educación universitaria, técnica u oficio sólido. Su ingreso directo al sistema de educación superior seguirá siendo una fuente de desperdicio de recursos públicos, y lo que es peor, de frustraciones y endeudamientos personales.

Por cierto, obligar a los jóvenes a definir una ruta profesional a los 18 años en estas condiciones es absurdo, y las instituciones de educación superior deben flexibilizar masivamente sus años iniciales para facilitar traspasos entre carreras, entre universidades, y entre niveles técnicos y universitarios. Hay un grave riesgo para el país si se continúa expandiendo el mito de “universidad para todos”. La “educación superior” gratuita y de calidad debe focalizarse en los quintiles más pobres, y debe privilegiar el adecuado balance entre oficios de calidad, carreras técnicas de calidad, y profesiones de calidad, en las proporciones adecuadas, esto es, 1 profesional universitario por cada 3 técnicos u oficios especializados y certificados.

Por ello, es necesario reorientar radicalmente el sistema de educación superior hacia la provisión de un sistema de oficios y carreras técnicas sólidas, certificadas, y que cierren la brecha salarial entre éstas y los títulos universitarios. Por dar un ejemplo, en Canadá un ingeniero civil de la construcción con 5 años de experiencia gana US$ 60.000 anuales, y un pintor certificado de la construcción gana US$ 40.000. Sólo cuando los oficios y las carreras técnicas estén debidamente certificadas y dignificadas comenzaremos a tener equidad salarial en el país.

Por último, el gobierno corporativo de las universidades pertenecientes al propio Estado debe reformularse radicalmente. Este debe – como dueño – hacerse cargo en serio de su fortalecimiento, y éste no es meramente un asunto de recursos. Por ejemplo, no es posible hacerlas “competir” con entes privados teniendo la maquinaria, lentitud y restricciones burocráticas propias de un Ministerio.

Las fórmulas de gobierno corporativo de las universidades e institutos públicos – permitiendo razonables grados de democracia interna – deben asimismo permitirle al “dueño”, es decir el Estado, la vigilancia rigurosa y capacidad de intervención (aunque sea a distancia) de lo que ocurre en su interior, de manera de evitar capturas institucionales por parte de profesores, autoridades, alumnos o funcionarios. Debe entonces diseñarse una fórmula institucional, equivalente al Patronato de la Universidad Nacional Autónoma de México, o los “Board of Trustees” americanos, es decir un cuerpo de especialistas financieros, no dependientes del Rector ni de su Consejo Académico, que vigilen la sanidad financiera y contable de la institución, manejen la Contraloría Interna, y aprueben el volumen total de gastos permisibles en un año fiscal.

Por todo lo dicho aquí, por loables que sean las diferentes iniciativas legislativas separadas que han ido surgiendo, debemos aspirar a hacer todo bien y de una vez, con una nueva legislación integrada de educación superior que aborde sistémicamente estos complejos problemas. En caso contrario, terminaremos con un conjunto de “parches” superpuestos que serán tal vez vistosos pero que posiblemente serán contradictorios entre sí. No habrá ocasión en al menos otra década para hincarle bien el diente al asunto.

Mario Waissbluth
Blog La Tercera, 26 de septiembre

CSP presente en seminario internacional sobre gestión de servicios públicos

Entre el 12 y el 15 de septiembre, Natalie González, Directora del Área de Docencia del Centro de Sistemas Públicos (CSP), participó en el curso “Gestión de servicios públicos: satisfacción de las demandas ciudadanas” realizado en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

La actividad fue organizada por el Ministerio de Política Territorial y Administración Pública – Instituto de Administración Pública (INAP) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y entre sus objetivos destacó la promoción de la cultura y mentalidad de servicio orientado al ciudadano e instancia en la que los participantes pudieron compartir y analizar experiencias de gestión, a la vez de actualizar conocimientos en materia de instrumentos de gestión desde una perspectiva técnica.

En este marco, Natalie expuso la ponencia “Servicios públicos en Chile: una mirada al ámbito local”, parte del programa que incluyó la revisión de la teoría general de los servicios públicos y su forma de prestación, los derechos de los ciudadanos y la evaluación de la calidad de la prestación de estos servicios.

Más información aquí…

Hacia un cambio radical en la regulación de la educación

Las movilizaciones estudiantiles cuestionaron lo que había sido intocable: un modelo educativo basado esencialmente en la competencia de mercado entre proveedores de educación, públicos o privados, con o sin fines de lucro. A mi juicio, el problema esencial es que no fue libertad de mercado, sino libertinaje de mercado, tanto en educación general como superior. No fue un mercado en que hubiera transparencia de información para los “clientes”, muchos de los cuales eran apoderados o estudiantes de educación superior que no entendían lo que leían, y si usamos la jerga económica, completamente “asimétrico” en cuanto a poder de negociación y elección de opciones. Se violaron así los principios esenciales, no de  economistas de izquierda, sino de derecha. Mercados transparentes y bien regulados.

Si una familia va a la panadería de la esquina, y le venden pan caro y/o malo, al día siguiente va a otra panadería que está a tres cuadras de la primera. Por cierto, los panaderos no les miran el color del pelo ni les preguntan por las convicciones religiosas no sólo del hijo sino también si los padres están separados. El mercado opera impecablemente. Pero si esa misma familia no tiene demasiado claro el concepto de calidad del “producto educativo”, o bien a los dos años se da cuenta que tiene un hijo endeudado al cual le es casi imposible “cambiar de proveedor”, o bien tiene restricciones geográficas en su elección, o bien el modelo de mercado le “segrega” a su hijo en la admisión a educación básica o media ya sea por estatus socioeconómico o por capacidad académica, o lo expulsa por ser “alumno problema”, entonces el mercado ya no es tan perfecto.

El resultado de este modelo debe analizarse por separado en educación general y superior. Son momentos del tiempo muy diferentes. En lo escolar, es necesario reconocerlo, hubo expansión casi total de la cobertura, y el test de PISA de Chile es el mejor de América Latina. De igual manera, tenemos el menor porcentaje de jóvenes (31%) en el Nivel 1 (de 1 a 6) que es el peor. Esto no significa que no estemos muy lejos de lo deseable. Canadá tiene un 10% y Holanda un 14% en ese nivel. Puede afirmarse con bastante certeza la “regla del 40″: 40% de los egresados de básica no entiende cabalmente lo que lee ni puede resolver problemas aritméticos simples. Lo mismo ocurre con los egresados de media, los que ingresan a educación superior, y los que egresan de educación superior… profesores incluidos.

Donde el modelo chileno en educación general falló estrepitosamente es en segregación social. Tenemos el peor lugar de todos los países de la muestra PISA. El peor. Apartheid educativo. Las reglas de juego formales, y las frecuentes violaciones  informales a las reglas formales (en escuelas con y sin fines de lucro), generaron esta situación, de graves consecuencias no sólo escolares sino también sociales. Mantener segregados en una escuela a niños de bajo capital cultural con otros de bajo capital cultural, y para empeorarlo, segregando hacia la educación municipal los chicos con algún problema de conducta o de menor rendimiento, hace que estos tengan una virtual condena a no aprender, aunque tripliquemos la subvención preferencial.

Por otra parte, la segregación social es evidentemente una de las bases de la explosión social de los “indignados” que vemos hoy en las calles. Algunos se consuelan diciendo que en realidad la segregación social es puramente cultural, histórica, geográfica. No hay tal. Evidentemente esos poderosos factor existen, pero los datos indican con certeza que la segregación social es aun peor que la segregación territorial o barrial. La pregunta que debe hacerse la sociedad chilena es si acaso el sistema educativo escolar debe ser una locomotora de la integración o de la segregación social del país.

En educación superior, de 4700 carreras impartidas en algún campus, sólo 700 cuentan con acreditación (voluntaria), y en muchos casos ella es dudosa. Los aranceles son en promedio los más altos del mundo comparados con el ingreso per cápita. La inyección de recursos públicos en forma de avales, en lugar de reducir los aranceles, los aumentó. No es precisamente la perfección del mercado. En los hechos, los estudiantes están financiando no sólo su educación, y el costo del edificio donde se educan, sino la expansión inmobiliaria de universidades e institutos privados, y/o buena parte de las actividades de investigación o de bien público que realizan las universidades con actividad académica integral.

El resultado: pasamos de 300 mil a 1 millón de estudiantes en educación superior en una década. De éstos, 400 mil van a desertar por razones académicas o económicas, pero endeudados. Otros 300 mil van a obtener un título tan espurio que irán derecho al desempleo o a un empleo que no les permitirá pagar la deuda. Son 700 mil “engañados”. Súmele 2 padres y un hermano, y tenemos cerca de 3 millones de enfurecidos que hoy marchan por las calles, y que seguirán marchando con mayor o menor intensidad, tal vez con espacios vacacionales, hasta que esto se arregle. Si alguien cree que por bajar la tasa de interés (bienvenido sea) esto se resuelve, está profundamente equivocado.

Sospecho que la consigna contra el lucro esconde intuitivamente un discurso más profundo. La gente está harta de los abusos de este mercado que no es capitalista, sino de capitalismo salvaje. Es la ley de la selva, pero con algunos caníbales. Honestamente, no sé si la pelea legislativa por el fin del lucro va a durar uno o seis años, y por cierto no va a solucionar abusos de proveedores sin fines de lucro, públicos o privados. Por ello, hay tres asuntos que el país debe resolver de inmediato.
 
El primero es la transparencia total de los proveedores del sistema educativo, público, privado, con o sin fines de lucro, en educación general o superior, si es que reciben recursos del Estado, sea como subvención, aval, subsidio o descuento tributario. Son entes depositarios de la fe pública, más aun  que las Sociedades Anónimas abiertas que entregan al público información acerca de todos sus ingresos, todos sus egresos, y sobre todo,  las transacciones con empresas relacionadas. Felizmente, ya fue aprobado en primera instancia el proyecto de ley sobre esta materia, y puedo garantizar que la mera aplicación del principio de transparencia va a provocar que muchos “pillines” con y sin fines de lucro ya estén pensando en hacer las maletas. Ojalá pase rápido por el Congreso, con suma urgencia, y que no quede por allí archivado como suele ocurrir. Los estudiantes harían bien en ponerlo entre sus exigencias.

Pero no es suficiente. Es necesario dar un giro en 180 grados a la forma en que el Estado se relaciona con los proveedores de la educación general y superior con algún tipo de subsidio, transformándolo en una suerte de “contrato de concesión de obra pública”. El Estado provee recursos, el proveedor público o privado se compromete a cumplir con diversos estándares, no sólo de SIMCE, sino de calidad en un sentido más amplio, así como prácticas y criterios de admisión y expulsión, integración social, acreditación de carreras de educación superior, monto máximo de aranceles, o cualquier otro elemento fundamental para asegurar los derechos de los estudiantes. Incluso, si se llegara a legislar el fin del lucro, es evidente que tendría que haber un importante período transitorio, durante el cual sería necesario establecer  contractualmente topes de utilidades, como ocurre en la telefonía o el agua. Si no se terminara el lucro, con mayor razón. Sólo con una revolución en el marco regulatorio y el “contrato” entre el estado y los proveedores de la educación, este podrá cumplir con sus deberes constitucionales de resguardo de la calidad de la cual tanto se habla. Otra exigencia que invito a los dirigentes estudiantiles a considerar.

Un tercer elemento clave, para discutir otro día, es ponerse con los recursos adicionales necesarios para asegurar la obligación constitucional: más de 2% del PIB anualmente si sumamos educación general y superior. No se trata de aumentar recursos indiscriminadamente, de golpe, y sin las medidas adecuadas, pero si esto no se hace, la reforma educativa no pasará de ser mera cosmética.

Mario Waissbluth
Blog La Tercera, 20 de septiembre de 2011