rssSuscríbete RSS

Gran interés despierta Diploma en Gestión Estratégica Educativa seleccionado para Programa Formación de Directores de Excelencia. Plazo de postulación se amplió hasta el 16 de septiembre

Se trata del Diploma de Postítulo en Gestión Estratégica Educativa para Directivos de Establecimientos Educacionales y miembros del equipo sostenedor que busca entregarles herramientas de gestión, a la vez de desarrollar habilidades directivas que les permitan estar mejor preparados para las necesidades y problemáticas que actualmente enfrentan los establecimientos municipales.

Este Diploma está compuesto por dos dimensiones: una teórica, con clases presenciales y talleres, y una aplicada, a través del “Proyecto Gestión del Cambio”, marco en el cual los participantes realizan un diagnóstico de gestión para generar ideas de mejoras para la organización, por medio de tutorías especializadas.

Cabe destacar que la nueva versión del Plan de Formación de Directores de Excelencia contará con la participación de la Universidad de Monash, establecimiento australiano que tiene gran experiencia en el ámbito educacional.

La convocatoria para los postulantes que quieran obtener Beca Mineduc para este programa cierra el próximo 16 de septiembre y el formulario de postulación está disponible aquí… 

Más información sobre este Diploma…

Ver nota UChile online…

CSP aportando a la excelencia de los gobiernos locales

El 30 de agosto, José Inostroza, Director Ejecutivo del Centro de Sistemas Públicos, participó en el V Seminario Internacional “Búsqueda de la Excelencia en los Gobiernos Locales”.

Organizado a partir de la experiencia de la Municipalidad de Providencia, entre el 28 y 30 de agosto, esta instancia busca generar un espacio de reflexión sobre los desafíos de mejoramiento de la gestión municipal, con acento en los modelos de excelencia en esta área  y su aplicación en gobiernos nacionales y extranjeros.

Inostroza participó en el módulo de Responsabilidad Social, en el marco de los Talleres de Aprendizaje de este seminario, los cuales se realizaron en la Escuela de Negocios, IEDE, dirigidos a Ejecutivos de Calidad. Este módulo también contó con la participación de Raúl Saldívar, alcalde de Municipalidad de la Serena; Mario Morales, académico de IEDE, Chile, y Felipe Cox, Jefe de Compras Metálicas Gerdau Aza, Empresa Ganadora del Premio Nacional a la Calidad.

En la quinta versión de este seminario participaron autoridades públicas del nivel central, municipal e internacional, además de destacados académicos y profesionales vinculados con este campo.

Más información aquí…

Teodoro Wigodski: Deberes del director de empresas y principales ejecutivos

Uno de los atributos importantes de todo sistema de gobierno corporativo es ofrecer al Directorio la libertad para conducir a la empresa dentro de un marco efectivo de responsabilidad del director frente a ésta y sus accionistas. A través de este espíritu se busca establecer un balance entre su libertad y flexibilidad para administrar la compañía y el legítimo interés económico de sus dueños o accionistas. 

Para que el Directorio pueda asumir los desafíos empresariales, al tiempo que conserve en forma sustentable una rentabilidad económica sobre el promedio de la industria, los actores que se desempeñan en los cargos directivos deben tener la posibilidad de tomar decisiones que ex post puedan ser mal evaluadas. Esto significa que no necesariamente serán culpables de los errores que comentan, por lo cual tampoco debieran estar obligados a compensar los daños económicos que puedan provocar tanto a la empresa como a sus accionistas.

Distinto es si los directores actúan con dolo o culpabilidad. En este caso, la ley chilena (Nº 19.705 sobre Sociedades Anónimas) es clara. Esta estipula que deberán responder solidariamente por los perjuicios que causen a la sociedad y sus accionistas por sus actuaciones dolosas o culpables, en tanto que tendrán que ejercer sus funciones con el cuidado y la diligencia con la que llevan sus propios negocios.

La jurisprudencia sentada por los tribunales de Estados Unidos, por su parte, también entrega luces respecto del alcance y proyección de los deberes de los directores como agentes fiduciarios (del latín ‘fiducia’ confianza) de la empresa. Bajo esta especial relación, los directores tienen dos deberes principales: actuar con cuidado y  lealtad.

El deber de cuidado

La jurisprudencia norteamericana define este deber como “el cuidado que una persona razonablemente prudente usaría, en circunstancias similares, en el cuidado de sus propios asuntos”. Una concepción que en nuestro sistema legal se asimila a la culpa leve o falta de aquella diligencia y cuidado que los hombres emplean ordinariamente en sus negocios propios.

Si bien el grado de diligencia y cuidado esperado por los tribunales ha variado en el tiempo, así como también respecto de las circunstancias del caso que se trate -como reacción a los escándalos económicos de Enron, Worldcom y Tyco, entre otras-, las sentencias sugieren algunas expectativas básicas de cumplimiento por parte del director. Entre ellas: estar informado sobre las actividades de la empresa, en particular de las prácticas y políticas de los sistemas de información y control de gestión; asistir a las reuniones del Directorio, revisar regularmente los estados financieros de acuerdo a las costumbres de la industria y a la naturaleza de la empresa y, en caso de insolvencia, responder por la empresa (se entiende que los directores y ejecutivos de entidades financieras tienen, además, un deber fiduciario hacia los financistas).

Este deber puede ser quebrantado por acción u omisión y en ambos casos el demandante se lleva el peso de la prueba, es decir, debe demostrar causalidad entre el actuar del director y el daño causado. O sea, tiene que probar que si el director hubiera cumplido cabalmente con sus obligaciones, no habría generado pérdidas. En todo caso, este último no está obligado a demostrar que esta pérdida se habría producido de cualquier forma, incluso cumpliendo con sus obligaciones.

El deber de lealtad

El deber de lealtad requiere que los directores sean leales a la sociedad, es decir, realicen sus funciones sin tomar ventaja de la empresa con la cual tienen un deber fiduciario. Si bien históricamente los directores no podían involucrarse en transacciones que representaran un conflicto de interés, sin correr el riesgo de que los tribunales las anularan, hoy los tribunales han tomado una posición más flexible. Es así como en ciertas circunstancias validan transacciones que involucran conflictos de interés.

En Chile, la Ley sobre Sociedades Anónimas considera que el director es solidariamente responsable de los perjuicios causados a la sociedad, a los accionistas o a terceros, en tanto que supone su culpabilidad en caso de que se beneficie en forma indebida, directamente o a través de otra persona natural o jurídica de un negocio social que, a su vez, le cause un daño a la sociedad.

Este deber se torna relevante en situaciones que involucran transacciones entre la empresa y:

  • sus directores o ejecutivos, o una empresa que es propiedad de ellos o en la cual tienen un importante interés directo o indirecto (auto-contratación o self dealing).
     
  • otra empresa con la cual comparten directores y/o ejecutivos.
     
  • transacciones de otra naturaleza, pero que involucran un conflicto de interés tales como insider trading (esta situación se produce cuando se compran o venden valores en base a información importante que no es de conocimiento público), ventas del control y fusiones entre empresa matriz y subsidiaria. 
  • situaciones en las que directores o ejecutivos sacan provecho de una oportunidad empresarial.

La regla del juicio de negocios

Mientras los deberes de cuidado y lealtad son estándares de conducta para medir el desempeño de la responsabilidad de los directores de empresa, la regla del juicio de negocios se ha constituido en un estándar para evaluar su comportamiento desde el punto de vista legal. Esta regla nació hace 175 años en los Tribunales Comerciales de EE.UU. y busca asistir a los Tribunales de Justicia en su análisis sobre la actuación del director, con el objeto de determinar si la decisión de un Directorio puede ser desafiada en forma exitosa o bien si algún director debe ser considerado personalmente responsable.

Es así como esta regla establece un marco de referencia que permite evaluar si las ineficiencias, pérdidas o errores en la administración de una empresa son de responsabilidad de los directores o, de lo contrario, son consecuencia del inevitable riesgo de la acción empresarial, en un mercado crecientemente competitivo, complejo, incierto y global.

Se considera que un director de empresa hace un buen juicio de negocios si de manera simultánea (1) hace el juicio de buena fe para el propósito establecido de la empresa, (2) no tiene control sobre los otros directores o un interés personal relevante en la materia del juicio y (3) se informa acerca del asunto hasta el punto que razonablemente estima apropiado y legal, de acuerdo a  cinco elementos. Ellos son: la razón de negocios de la transacción, el efecto de la transacción en los accionistas y otros incumbentes (trabajadores, clientes, proveedores, financistas y comunidad, entre otros), la apreciación que tiene la administración respecto del precio y los factores que afectarían su proyección, la justicia de la transacción a través de una evaluación independiente y si su juicio tiene sentido y es en el mejor interés de la empresa.

Las excepciones a la regla del juicio de negocios, por su parte, se presentan en casos que involucren fraude, negligencia grave o ilegalidad.

Esta regla, por último, absuelve a los directores por los efectos que sus decisiones tengan, aun en situaciones en que el ejercicio de su juicio pudiera parecer producto de un evidente error. Esto se traduce en que los demandantes deben superar la presunción de que los directores ejercieron un juicio de negocios y/o demostrar que esta regla no es aplicable. Esto último es posible, por ejemplo, si los demandantes prueban la existencia de conflicto de interés o auto-contratación (self dealing), caso en el cual el peso de la prueba se traspasa al director, quien deberá demostrar que la transacción en cuestión fue justa.

Si bien el propósito de esta regla es proteger la autoridad de los directores en el ejercicio de sus deberes, ésta no intenta aislarlos de sus responsabilidades y obligaciones legales. Es así como los directores se hacen beneficiarios de la refutable presunción de que no han vulnerado su deber de cuidado y diligencia, siempre y cuando cumplan con las condiciones que caracterizan a un buen juicio de negocios.

Documento Teodoro Wigodski, académico Centro de Sistemas Públicos y experto en gobierno corporativo

Dejando de Financiar Sólo el Corto Plazo: Nuevo sistema de asignación de recursos para la Defensa en Chile

Integrar a los niños es de buena educación

Según la prueba Pisa, Chile ha alcanzado el primer lugar en América Latina en rendimiento promedio, y el menor porcentaje de jóvenes en el nivel más bajo de desempeño. Aunque aún existen desafíos en cuanto a los niveles de aprendizaje y a la brecha de éstos entre distintos grupos socioeconómicos, existe  otro problema que el modelo escolar agudiza: la segregación socioeconómica y de niños desaventajados. 

Al concentrar en una escuela a niños con mayor capital cultural, y en otra a los de menor capital cultural, la mejora se hace casi imposible, aun dando más subvención a los alumnos vulnerables. Por otro lado, efectos sociales como la profundización del clasismo y el elitismo son insidiosos y se están viendo hoy en las calles. En cambio, la integración escolar fomenta la cohesión social. Los niños aprenden a tener empatía con compañeros de distintos orígenes. Además, escuelas integradas generan más equidad en las redes de contacto, lo cual reduciría la influencia de la cuna en el mercado laboral.

La evidencia sobre segregación escolar en Chile, en base a un estudio que uno de nosotros publicará próximamente en el International Journal of Educational Development, se resume así: no sólo Pedro Pobre y Pablo Rico no van a la misma escuela, sino que Juan Clase Media tampoco va a la misma escuela de Pedro Pobre. Los hijos de ricos estudian con ricos, los de clase media con los de clase media y los de pobres con pobres.  

Los datos indican que Pedro Pobre estudia en un colegio municipal o en uno particular con fines de lucro, sin financiamiento compartido, y ambos son de similar calidad. Hay pocos  establecimientos subvencionados católicos -sin fines de lucro y con levemente mejores resultados- en barrios pobres, y los que existen suelen no admitir a alumnos como Pedro Pobre. Pablo Rico estudia en un colegio particular pagado -ubicado en una de las pocas comunas que concentran a la mayoría de las familias pudientes- con otros niños de familias similares. Juan Clase Media suele estudiar en un colegio particular subvencionado -con o sin fines de lucro- que cobra financiamiento compartido. Mientras los colegios con fines de lucro discriminan por precio, los colegios sin fines de lucro suelen discriminar por religión y capital cultural, y los municipales atienden a los más pobres, sin selección socioeconómica o por problemas de rendimiento y conducta.

Algunos argumentan que la segregación escolar es mero reflejo de la segregación residencial. Los datos no dicen eso. El modelo escolar actual, que permite a los padres escoger el colegio según su precio, y donde frecuentemente existe selección de facto por parte de las escuelas, agudiza la segregación generada por la desigual distribución de los hogares dentro de la ciudad. Sin duda, el financiamiento compartido debe desaparecer gradualmente con el aumento de la subvención. Una cosa es que los padres deseen hacer aportes voluntarios a su escuela, otra muy diferente es que un niño no pueda ingresar a un colegio porque sus padres no tienen los recursos.  Las posibilidades de seleccionar por parte de las escuelas deben desaparecer a la brevedad posible, al igual que las prácticas de expulsar niños desaventajados o problemáticos por vías más o menos formales. 

Si queremos que Pedro Pobre y Juan Clase Media se encuentren en el recreo, es necesario avanzar hacia un sistema escolar sin financiamiento compartido y sin selección. Para que ambos tengan contacto con Pablo Rico se requiere otro tipo de reformas más profundas y cambios culturales que son aún más complejos.

La Tercera, 10 de septiembre de 2011
Columna escrita en coautoría con Gregory Elacqua, Instituto de Políticas Públicas UDP

Educación: Guerra Ideológica Ochentera

A estas alturas, nadie cede un ápice. Estamos discutiendo como si estuviéramos en los años 80. Los admiradores del modelo de mercado y el lucro en la educación siguen irreductibles, y los que quieren devolver la educación al Estado también. Cada uno esgrime las cifras que le conviene y oculta las que no le conviene. Este es un humilde intento de ordenar la discusión, particularmente en el ámbito escolar, con alguna pasada por la educación superior.

Definiré lo que, a mi juicio, sería deseable que emerja como producto de la crisis, aunque por supuesto otros podrán disentir. Para eso se inventó el diálogo… sin precondiciones.

a) Calidad Educativa. Este año se aprobó la ley que establece un Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación. La misión del Sistema Educativo sería otorgarle a todos los jóvenes el derecho a un proceso de aprendizaje permanente y que les permita alcanzar su desarrollo ético, moral, espiritual, afectivo, intelectual, artístico y físico. La calidad de la educación debe ser un valor intrínseco del proceso educativo y ser resguardado como tal por el Estado en todos los establecimientos, entendiendo que la calidad no es únicamente el resultado de pruebas estandarizadas como SIMCE o PSU, aunque ellas proporcionan información relevante.

En la actualidad tenemos un sistema educativo en que la “calidad” es un valor escaso y difícil de encontrar. Se considera “normal” que algunos establecimientos entreguen educación de calidad y otros no, asumiendo además de manera errónea que la única forma de incentivarla es mediante la competencia generada por la libre elección y capacidad de pago de los padres. Esta forma de regulación en un pseudo mercado imperfecto, poco transparente, en el cual la posibilidad de elegir depende del nivel socioeconómico del alumno y en el que la selección de estudiantes por parte de muchas escuelas aún persiste ilegalmente, transfiere todos los costos de una mala educación a los propios estudiantes y sus familias, sobre todo los más vulnerables.

Aun así, siendo “numéricamente objetivos”, tan mal no nos ha ido con la calidad. Lejos todavía del promedio OECD, con 40% de egresados de media que no entiende lo que lee ni sabe calcular una tasa de interés, nuestro promedio PISA es el mejor de América Latina. Por cierto, las correlaciones estadísticas de numerosos estudios, una vez descontados los efectos de nivel socioeconómico de la escuela y el aula, no arrojan diferencias significativas entre los SIMCE particulares y públicos. 4 a 6 puntos en una dispersión que va desde 190 a 330 es la nada. Unos claman que son a favor y enormes, otros en contra y enormes. Es la nada. No va por ahí la cosa.

Lo único claro es que los famosos “Semáforos” fueron pésimamente concebidos, y que las cotidianas propagandas de prensa sobre  los “mejores” colegios del SIMCE y la PSU lo único que en promedio clarifican es que son los “mejores” en cobrar y seleccionar por nivel socioeconómico. Tal vez alguien podría, con mente menos economicista y más sociológica, cavilar si acaso esto tiene algo que ver con los cientos de miles que marchan por las calles.

b) Equidad. Esto significa que el hijo de una familia vulnerable pueda acceder a las mismas oportunidades educativas que un hijo de familia acomodada, aun en contra de los obstáculos que le ocasiona el bajo capital cultural de su hogar, sus carencias sociales, de vivienda y condiciones de vida. Debiéramos aspirar a que los alumnos de una escuela vulnerable de La Pintana o Lolol obtengan los mismos 320 puntos de SIMCE o 700 puntos de PSU que los alumnos de una escuela particular pagada de Las Condes, para lo cual es necesario apoyarlos con más – y no menos – recursos educativos y profesionales de alta calidad. La experiencia empírica demuestra que esto sí es posible, en contados casos, pero sólo cuando existen los profesores, profesionales y directivos en la cantidad adecuada, con la motivación y la capacidad para sacar adelante a jóvenes en durísimas condiciones, incluso emocionales.

La educación no es lo único que va a resolver los problemas de la inequidad social y de ingresos en Chile. La pregunta es si va a ser un factor que la aumenta o la disminuye. En esta materia, al igual que en la calidad,  mal no nos ha ido. En el test de PISA se define nivel 1 como lo peor, no entender nada o casi nada. Tenemos el menor porcentaje de alumnos de América Latina en ese nivel, 31%. Argentina tiene 52% y Perú la terrorífica cifra de 65%. Claro está que Canadá tiene 10% y Noruega 15%. Probablemente la medida pro-equidad que más impacto ha comenzado a tener es la Subvención Escolar Preferencial (aunque todavía no llega a la educación media, cuando se aplica el PISA).

Lo curioso es que el Estado chileno, que inventó este modelo de mercado en los 80, se demoró 27 años en darse cuenta de que los niños vulnerables necesitaban más recursos que los niños acomodados si se quiere “aplanar la cancha de las oportunidades”. Donde la inequidad está al pendiente  grave es en la carencia de cobertura (y calidad) de Jardines Infantiles (un déficit de aproximadamente 200.000 cupos) y en los demolidos Liceos Técnicos, donde hay 400.000 jóvenes que necesitan salir a trabajar a los 18 años con un oficio digno antes de poder retomar sus estudios superiores.

c) Integración Social. Aquí nuestro modelo basado en el mercado educativo lo ha hecho pésimo. Chile, aceptémoslo, es un país clasista, elitista, poco tolerante en la diversidad, incluso racista. Hay desprecio de clases, animosidades que se expresan crecientemente en las calles. Este es el aspecto más detestable de nuestra sociedad. No me basta con que algún día, con buenos y suficientes directivos y profesores,  la escuela de La Pintana obtenga los mismos 320 de puntos de SIMCE que la escuela de Las Condes. Debemos lograr que las escuelas sean socialmente más integradas, pues en caso contrario el elitismo y la intolerancia continuará aumentando en Chile hasta que explote, con aun más fuerza que lo que vemos hoy en las calles.

Nuevamente, la educación no es lo único que va a resolver los problemas de clasismo y elitismo en Chile, culturalmente muy arraigados. La pregunta es si acaso el sistema educativo va a acentuar o disminuir estos rasgos de nuestra sociedad, brutalmente segregada geográfica, económica y culturalmente. Los datos duros indican que las escuelas particulares, especialmente aquellas con fines de lucro y financiamiento compartido, son terriblemente segregadas y segregadoras. No por casualidad en la muestra de PISA resultamos con el 2º lugar peor del mundo en segregación social. Los hijos de ricos estudian con hijos de ricos, los de clase media con los de clase media, los pobres con los pobres. Apartheid educativo, de graves consecuencias no sólo escolares sino también sociales.

Lo paradojal es que hemos avanzado en dos importantes leyes pro-integración: la primera es la que prohíbe la selección académica de alumnos en Básica. La otra es la  ley de Jornada Escolar Completa, que exige (débil e insinuantemente) que esa subvención sólo se podrá recibir si hay un 15% de niños vulnerables en la escuela. Hay amplia pero anecdótica evidencia – nos llegan mensajes por la red social todos los días – de que esto se viola a placer, y el MINEDUC de antaño y ahora jamás ha hecho un esfuerzo por fiscalizarlas. Esto, en el modelo de “pseudo mercado”, facilita a las escuelas particulares segregar, por ende tener mejores resultados, y así “competir” mejor. Podría apostar que, si el MINEDUC pusiera estos datos a disposición, las correlaciones de efectividad de la educación pública vs. particular variarían considerablemente. ¿Por qué el MINEDUC no ha fiscalizado ni fiscaliza activamente un tema tan importante? ¿Por qué no transparentar esos datos? No se necesita una Superintendencia para hacerlo.

Por otro lado, el peor invento segregador fue la figura del financiamiento compartido, incomprensiblemente concebida por un gobierno de centro izquierda. Los padres que pueden pagar más, juntan a sus hijos con padres que pueden pagar más. En principio, no suena mal. ¿Por qué no habrían de hacerlo? La pregunta inversa es la terrible ¿porqué los que no pueden hacerlo no pueden hacerlo? Atroz.

Si de gratuidad en la educación se trata, no me cabe la menor duda que la primera y fundamental gratuidad debe estar en toda la educación preescolar y escolar financiada por el Estado, no necesariamente en toda la superior. Por cierto, los datos y correlaciones demuestran contundentemente que el financiamiento compartido tiene un poderoso efecto de segregación social. Otro inventillo perverso fue la “subvención por concentración de alumnos vulnerables”. Es decir, mientras más alumnos vulnerables juntas en una sala, más te pago, a sabiendas que eso deteriora el proceso educativo y social. Debiéramos tener una muy elevada subvención preferencial, y como complemento una subvención por integración escolar, que es exactamente lo inverso de lo que tenemos.

d) Educación Pública de Calidad. Este es un problema de otra índole. En teoría, se podrían lograr todos los objetivos anteriores con oferta privada si es que ella estuviera adecuadamente regulada (que no lo está). Sin embargo, hay otros objetivos que deben protegerse pues, al igual que en la gran mayoría de los países de la OECD, aportan a la construcción de la identidad nacional. Son la esencia de la Educación Pública: i) Debe garantizar el acceso a proyectos educativos considerados de interés común en todo el territorio. ii) Sus proyectos educativos no pueden ser particularistas y/o excluyentes. iii) Debe ser obligatoria, laica y gratuita. iv) Debe fijar un estándar de calidad  y de relaciones laborales. v) Debe promover la heterogeneidad de pensamiento, y la diversidad socioeconómica e ideológica. vi) Debe constituirse en la garantía integración y arma contra la segregación.

La Educación Pública ha vivido lastrada por los innumerables defectos y restricciones que todos conocemos. Las reglas que el propio Estado le diseñó eran la crónica de una muerte anunciada. Si ella terminara reducida a su mínima expresión en algunas localidades, nada impediría que mañana un grupo con grandes recursos económicos, con una determinada orientación ideológica o religiosa, adquiriera una vasta proporción de las escuelas de una región, provincia o comuna. Esto acarrearía elementos potencialmente disgregadores de la identidad nacional de vastas consecuencias históricas.

La sociedad chilena exhibe una grave concentración del poder político, económico e ideológico. 20 empresas producen el 50% del PIB. El 50% de los gerentes generales de las grandes empresas proviene de tan sólo 5 escuelas de origen católico. Ya hay comunas con una altísima proporción de escuelas privadas, y nada impediría en el marco regulatorio actual, una adquisición masiva de las mismas por parte de un conglomerado nacional o extranjero de una determinada orientación ideológica o religiosa.

La inminente Ley de Fortalecimiento de la Educación Pública debiera venir a paliar los problemas. Pero, dado el marco de desregulación total del sector particular, sin una nueva Carrera Docente, con la conflictividad laboral actual, y con las deudas de arrastre del sistema municipal, nadie debe pasarse la película de que un mero cambio de figura institucional va a resolver la caída en picada de este sector, y sería una tragedia histórica. Si, por ejemplo, las escuelas particulares cuentan con todas las libertades que han tenido hasta ahora de desplazar  los alumnos más problemáticos hacia el sector público, estas escuelas, municipalizadas o desmunicipalizadas, van a terminar mas bien como sucursales del SENAME.

e) Economía de Recursos Públicos. Los recursos públicos que Chile dedica a educación, aunque han aumentado, siguen siendo muy reducidos en comparación con estándares internacionales. Es impermisible que estos recursos – a través del sector público o privado – sea como subvenciones, becas o incentivos tributarios, terminen desviándose a otros fines, más allá de una rentabilidad razonable si esta fuera permitida por la ley como lo es hoy en escuelas, CFT e IP.

Me resulta incomprensible que si la U. de Chile, que recibe 10 o 15% de recursos del Estado, debe rendir cuentas por el 100% de sus gastos, y si las escuelas municipales lo deben hacer, empresas privadas con fines de lucro u organizaciones sin fines de lucro que reciben en forma de becas o subvenciones entre 50 y 100% de subsidio público no rindan cuenta del origen y destino de sus recursos, ni tengan un convenio de desempeño sobre temas tan cruciales como calidad, equidad e integración de su alumnado.

También resulta incomprensible que, al detonarse este conflicto, el gobierno no haya reaccionado rápidamente con una Ley de Transparencia Educativa, esto es, la exigencia de publicación, a todo ente que reciba recursos directos del estado, o bien donaciones con descuento tributario, (que son recursos del estado) un completo estado de resultados de origen y destino de recursos, transacciones con entes relacionados, utilidades, y en fin, toda la información que las sociedades anónimas, que son depositarias de la fe pública, deben proveerle a la ciudadanía. Si todo estaba limpio y cristalino, no hay problema, sigamos como estamos. Si no estaba tan limpio, limpiemos. No se necesita Superintendencia para esto.

Los recursos necesarios. El sistema escolar y universitario necesita mayores recursos públicos. Bien gastados por supuesto, en una carrera docente mejor pagada, exigente y rigurosa, y en universidades con cada carrera acreditada seriamente. Nuestra estimación es que esto requeriría entre 2 y 2.5% adicional del PIB. La oferta del gobierno de un Fondo de US$ 4 a 5 mil millones a gastarse entre 4 y 6 años, aun cuando se le adicione el crecimiento tendencial del PIB al gasto educativo, viene siendo como la cuarta parte de lo necesario, y es plenamente inconsistente con la promesa del programa de gobierno de duplicar la subvención escolar del 2010 al 2018. ¿A qué estamos jugando?

Blog La Tercera
29 de agosto, 2011