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Ética en las Organizaciones de Asistencia Sanitaria

Evaluación Multicriterio para Programas y Proyectos Públicos

Gestión Estratégica: Síntesis Integradora y Dilemas Abiertos

Refuerzo a probidad y transparencia

Editorial en El Mercurio
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Los estados —y el de Chile no constituye excepción— deben tener como objetivo permanente la modernización y la incorporación de las mejores prácticas a la gestión pública. Sólo si las instituciones estatales actúan con eficacia, eficiencia y probidad mantendrán su credibilidad frente a la ciudadanía. Por eso, es bienvenida la decisión del Ejecutivo de reimpulsar la agenda de transparencia y probidad. Las iniciativas que se quiere promover prevén, entre otros, perfeccionamientos a la Ley de Transparencia y Acceso a Información Pública —básicamente orientados a acotar los plazos para las resoluciones del Consejo para la Transparencia y liberación de información reservada— y a las regulaciones sobre declaraciones de intereses y patrimonios —que aspiran a facilitar la presentación de las mismas, ampliar su contenido y establecer sanciones por incumplimiento—. Se contempla, además, convocar a un grupo de expertos que elabore propuestas para asegurar una buena gestión de la documentación electrónica, que hoy es fundamental para el contacto entre el Estado y la ciudadanía.
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Interesante es también el propósito de ampliar el sistema de Alta Dirección Pública. Actualmente, servicios de enorme importancia, como Impuestos Internos o la Dirección del Trabajo, no están sujetos a esta modalidad. Se argumenta que influyen en el diseño de la política, y de ahí su exclusión. Si así fuese, convendría avanzar en una separación más precisa de funciones. Como parte de esta reforma, sería positivo evaluar la posibilidad de que esos servidores públicos sean reclutados mediante contratos de desempeño transparentes, que establezcan objetivos precisos y cuantificables, definan los presupuestos por cada bien y servicio prestado a la ciudadanía, y que, para cumplir su tarea, les otorguen grados razonables de libertad para reasignar recursos y personas.
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La agenda que se quiere impulsar considera también extender el fideicomiso ciego a parlamentarios y consejeros del Banco Central. En esto se requiere prudencia, de manera que el conjunto de restricciones no se convierta en un costo demasiado alto para ingresar a la administración del Estado. En otros países se han definido criterios generales en estos asuntos y se ha dejado en manos de una oficina especializada e independiente la evaluación de si corresponde que una autoridad se someta a restricciones más específicas respecto de sus activos. A este respecto, Canadá es un modelo interesante.
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Entre las iniciativas planteadas, la regulación del paso de las ex autoridades desde el sector público hacia el privado es de la mayor trascendencia. Las normas actuales al respecto son imprecisas y los plazos de “latencia” —esto es, el período en que una ex autoridad no puede incorporarse a una actividad con la que se relacionó desde su cargo público— son reducidos. Una regulación satisfactoria en este ámbito es mucho más relevante que la que se pueda aplicar al ingreso al sector público. Muchos nombramientos del Presidente Piñera han sido cuestionados por provenir del mundo privado, aduciendo potenciales conflictos de interés. En unos pocos casos tales críticas han sido válidas, pero en su mayoría son totalmente injustificadas. Los problemas son más bien al egreso. Por eso, muchos países prohíben a sus altas autoridades salientes —generalmente, por un año— trabajar, asesorar o representar, remuneradamente o ad honorem, a organizaciones públicas o privadas con las que trataron oficialmente durante su gestión. A cambio de tales restricciones, el Gobierno ha pensado establecer compensaciones económicas, práctica que no se observa en los países que adoptan estas reglas. Más bien se presume que esas autoridades se pueden desempeñar bien en otros campos. Habría que evaluar cuidadosamente la conveniencia de esa compensación.

Respeto a la independencia del Consejo de Alta Dirección Pública

Editorial aparecida en www.latercera.com
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Dos de los cinco miembros del Consejo de Alta Dirección Pública (ADP) manifestaron a este diario la semana pasada su aprensión por lo que denominaron una situación de fragilidad en dicho organismo. Señalaron que dos consejeras, entre ellas la presidenta del Consejo y directora del Servicio Civil, habían cesado en su cargo en marzo, sin que hubieran sido reemplazadas; y, también, que otra consejera había asumido como jefa de asesores del Presidente de la República, lo que comprometía la independencia del cuerpo colegiado.
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Afortunadamente, desde el momento que se planteó esa posición se ha avanzado de manera significativa. En primer lugar, el Presidente Sebastián Piñera nominó al nuevo presidente del Consejo y director del Servicio Civil y propuso al Senado para su ratificación a una nueva consejera, lo que tiende a la pronta normalización del sistema, que es fundamental para la conformación de una administración pública moderna y eficiente. Y ayer, el gobierno anunció que la consejera que además ejerce como jefa del equipo asesor presidencial renunció a su posición en el Consejo, revirtiendo la postura inicial, que señalaba que ella se mantendría en éste.
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Aunque tardío, el anuncio es positivo y pone fin a un debate que pudo haberse evitado si se hubiese actuado prudentemente desde el principio. Nadie pone en duda la capacidad profesional y el destacado aporte a la ADP de la renunciada consejera. Sin embargo, la necesaria independencia y prestigio que debe exhibir el Consejo al cumplir sus funciones hacían desaconsejable que ella se mantuviera en el cargo.
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La ADP fue creada en 2003, a raíz de la crisis política del llamado caso de los “sobresueldos”, en alusión a pagos encubiertos a servidores públicos más allá de la remuneración establecida por la legislación. Quedó así de manifiesto que los altos puestos del aparato gubernativo eran mal remunerados y que, también, muchas designaciones tenían motivación política, sin consideración a los requerimientos del cargo y capacidades de los nominados. Surgió, entonces, un acuerdo político para abordar el fondo del problema. Por una parte, se establecieron mejoras de remuneraciones de las autoridades, jefaturas y profesionales; y por otra, se estableció la ADP, que comprende al Servicio Civil y al Consejo. Este es el encargado de hacer la selección y proponer ternas o quinas al Mandatario para el nombramiento de los directores de la gran mayoría de los servicios públicos. Se restringió así la amplia facultad de que gozaba el Presidente para designar jefaturas, las que ahora sólo puede hacer a partir de las propuestas del Consejo.
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Para asegurar la independencia de los consejeros en el ejercicio de sus funciones, se dispuso que cuatro de ellos sean nombrados por el Presidente con acuerdo del Senado, adoptado por 4/7 de sus integrantes, y sean inamovibles en sus cargos. El quinto es designado por el Jefe de Estado y preside el Consejo, siendo, a la vez, director del Servicio Civil.
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Que una consejera ratificada por el Senado ocupara un puesto de asesoría directa del Presidente de la República resultaba contrario a las providencias que tomó la ley para asegurar la independencia y prestigio del Consejo, los que podían quedar comprometidos.
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El hecho de que dicha consejera cumpliera la asesoría presidencial mediante honorarios no era más que una explicación formal e insuficiente. De paso, dicha explicación puso de manifiesto la necesidad de acabar con los distintos estatutos que en la práctica rigen a los empleados públicos, no sólo porque es injusto y discriminatorio para ellos, sino porque puede permitir -como estaba sucediendo en este caso- que no se apliquen las reglas que ha previsto el legislador para los que formalmente sirven en un cargo.
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La reiteración de problemas relativos a conflictos de interés en los nombramientos efectuados por el gobierno debe llevar a éste a reconsiderar los criterios que ha seguido hasta ahora.

María Luisa Brahm renuncia al Consejo de Alta Dirección Pública

Noticia publicada en www.publimetro.cl
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La jefa de asesores del Presidente Sebastián Piñera, María Luisa Brahm, presentó la tarde de este miércoles su renuncia al Consejo de Alta Dirección Pública (ADP).
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A través de un comunicado, la secretaría general de Gobierno informó que “el Gobierno ha considerado que el aporte de la actual consejera María Luisa Brahm es fundamental para que la Alta Dirección Pública pueda cumplir con eficiencia sus relevantes funciones” . Sin embargo, indicó que “sin perjuicio de lo anterior, dentro del proceso de nombramiento de los nuevos miembros de este organismo, el Gobierno ha decidido aceptar la renuncia de la abogada María Luisa Brahm a su cargo de consejera” .
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“El Gobierno le ha solicitado a la jefa de Asesores del Gabinete Presidencial que permanezca en sus funciones en el Consejo de Alta Dirección Pública hasta que comience el proceso de entrevistas que hace este organismo, para garantizar el normal funcionamiento del mismo” , indica el comunicado.
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upi/cdr